
Puro circo en el Antiguo Palacio de Donceles; continúan las ocurrencias
!Vaya comparación! Pero se tiene que decir, hoy en día las sesiones ordinarias del Congreso capitalino, más que ser un espacio de representación se ha convertido en un programa de entretenimiento semejante a la Familia Peluche o La Carabina de Ambrosio. Y es que cada vez hay situaciones llenas de absurdos, caos y momentos que parecen más un sketch cómico, que un debate legislativo serio. Eso se perdió desde que Morena tiene la mayoría y sus diputados dejan mucho que desear. Bueno, la oposición no se queda atrás, aunque, para ser sinceros, se defienden un poquito. Entre gritos, disfraces, pancartas y discusiones que a veces a nada llegan, como bien dice el viejo dicho: “Todo es como la carabina de ambrosio”; es decir, de nada sirven las contantes y cruentas peleas entre morenos y oposición. Los legisladores han olvidado que la política, no es un espectáculo, sino una forma de resolver problemas. Pero en lugar de hacerlo los incrementan y no solo eso, olvidan, no saben o simplemente se hacen los tíos lolos –no lelos, eh, como los hijos de “ya saben quién”–. Los diputados olvidan o no saben que existe un principio de legalidad y división de poderes, pues este último es fundamental para la libertad política que, además, no se inventó para que el gobierno sea eficiente, sino para que el ciudadano sea libre. El Congreso local desde hace, por lo menos, tres legislaturas, se ha convertido en un Gran Circo, en un nido de bufones, aduladores y descarados lambiscones, que solo sirven a sus cortesanos. Y no lo decimos nosotros, eh, que conste, sino los ciudadanos que todos los días notan la polarización y los enfrentamientos en la política. Ha predominado el espectáculo sobre el diálogo, la ofensa sobre el acuerdo. Los legisladores locales han centrado su labor en discusiones estridentes, ataques personales o puestas en escenas, no en un lugar de la negociación o acuerdos parlamentarios. Ahora resulta que el Antiguo Palacio de Donceles ya no está para crear o modificar leyes, sino que toman el histórico lugar para resolver conflictos personales y jurisdiccionales, sin tener la mínima consciencia que cuando el poder político intenta dictar las sentencias, la justicia deja de ser un derecho para convertirse en un instrumento de opresión. No entienden que la invasión de poderes más peligrosas no siempre ocurre con tanques, sino con decretos que asfixian la independencia judicial. Ejemplo de ello es el punto de acuerdo de este jueves presentó la flamante diputada morenista, Cecilia Vadillo Obregón –quien ya incurren en una actitud enfermiza por su ambición de llegar a la alcaldía Miguel Hidalgo, y en toda sesión agrede a su titular, el panista Mauricio Tabe Echartea–, que ordena como una jueza laboral y que sea restituida en su puesto la empleada de un Cendi, cuando no es su facultad, ni su competencia. Pero qué se le puede pedir a una legisladora que ni siquiera conoce el Reglamento Interno y la Ley Orgánica del Congreso local. Incluso, sigue presente que esta imponente legisladora, que humilla y agrede a sus trabajadores, nos enteramos, tiene alrededor de 20 denuncias laborales, y todo para demostrar su poder lo que revela su propia miseria. Ignora que no tienen la facultad legal, ni constitucional, para ordenar o exhortar la restitución de un trabajador en su puesto, además de que en el sistema jurídico mexicano, los puntos de acuerdo o exhortos emitidos por el poder legislativo son únicamente pronunciamientos políticos o recomendaciones institucionales; no son vinculantes y carecen de fuerza obligatoria para resolver conflictos laborales particulares. Así que este punto de acuerdo de la caprichosa, visceral y grosera, Ceci Vadillo –como una vez lo dijo el entonces diputado local del PRD y hoy secretario general del IMSS, Jorge Gaviño Ambriz–, “es como un llamado a misa”, pues ninguna empresa privada o dependencia pública está obligada legalmente a acatarlo. Aunque, como ya es costumbre, la actitud de la morenista, como de muchos otros, de nuevo mostraron la simulación, el show mediático, el discurso vacío, sin resolver absolutamente algo. Y luego los diputados locales –sobre todo los de Morena–, se enojan porque les queda el saco cuando les dicen cochinos, puercos, chanchitos, cuchis y todo lo que se derive del término marrano. Por algo será. En fin, allá ellos. ¿A poco no?
Morenistas se truenan los dedos porque deben reunir ¡mil personas! este sábado
Ah qué secretario del Gobierno capitalino, César Arnulfo Cravioto Romero, sigue equivocándose y no existe poder humano, ni divino, que lo mueva del cargo. Ahora, bajo el argumento de que “así lo ordenó nuestra Presidenta”, ordenó a los 16 alcaldes, así como los diputados locales y federales, que, para el evento del próximo sábado en el Monumento a la Revolución, cada uno tendrá que llevar, “a fuerza”, por lo menos a “¡mil personas!”, bajo el argumento de que “así fue lo que acordó Clara –así se dirige a ella el muy irrespetuoso–, con nuestra Presidenta”. Y, obvio, el mandamiento tiene en vilo y tronándose los dedos a más de uno. Y todo porque el eficiente y bien portado funcionario –por no decir lambiscón–, quiere quedar bien organizándole a Claudia Sheinbaum el evento: “Asamblea Estatal sobre la Defensa la Soberanía Nacional”, al que asistirán los millones de “borregos” –perdón, militantes y simpatizantes morenistas–. Todo, porque hace algunos días la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, se comprometió apoyar a Sheinbaum, con el cuento ese de defender la soberanía del país. “México jamás será doblegado por ninguna potencia extranjera, por muy poderosa que sea. Quien quiere entender que entienda. Desde aquí nuestro firme respaldo a la defensa de la soberanía que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo”, dijo Clarita. Seguro de ahí se agarró César Arnulfo para quedar bien con la inquilina de Palacio Nacional. Ahora la pregunta es si la jefa de Gobierno sabe de la orden que dio su rebelde subalterno. Sin embargo, nos enteramos de que esta idea no surgió de este funcionario –porque quienes lo conocen saben bien que ni siquiera es capaz de ello–, sino de la líder nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, quien como no tiene mejores cosas por hacer, ahora obligó a sus “borregos” –perdón, nuevamente, militantes y simpatizantes–, acudir al Monumento de la Revolución, porque la plancha del Zócalo está ocupada, como casi siempre desde que llegó al poder este partido político. Así que, morenistas, tienen que hacer el milagro de reunir, por lo menos, “¡mil personas!” y todavía no se reponen de los gastos del inicio del ciclo escolar, por lo que no tienen con qué pagar a esa gente. Y, seguro, la mayoría todavía no forran los útiles de sus querubines. Ahora sí que tienen chamba, no como en el centro vacacional de Donceles. Échenle ganitas y podrán cumplir con las dos tareas, que como representantes populares simplemente no les importa.
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