El desafío hoy trasciende colores partidistas, por lo que es momento de defender el Estado de Derecho, la Constitución, las instituciones y las libertades de las y los mexicanos, sostuvo el presidente de PRI capitalino, Israel Betanzos Cortés.

Para ello, dijo, es indispensable construir un frente amplio, plural y democrático, que reúna a todas las fuerzas comprometidas con la legalidad, respeto a los derechos humanos, contrapesos y al voto ciudadano.

“El llamado es para abrir puentes de diálogo, concertación, cooperación y alianzas, que vuelvan a poner a México en el lugar de actor principal en el mundo y, principalmente, en América Latina, que por muchos años preservamos, como un país referente de desarrollo económico, político y social. Para ello, es necesario garantizar que se respete el Estado de Derecho, fortalecer las instituciones y garantizar elecciones libres, democráticas y equitativas”, destacó.

La democracia, subrayó el también diputado federal del tricolor, no puede sostenerse sobre la polarización, intimidación, persecución o impunidad; es momento de reconstruir la confianza ciudadana y devolverle al país un rumbo basado en la legalidad, la transparencia y la rendición de cuentas.

“Mientras los ciudadanos de los países de América Latina se encuentran echando al populismo autoritario, por su probada incapacidad y resultados negativos en el ejercicio de sus gobiernos, aquí el oficialismo se atrinchera en su cerrazón ideológica de no tender puentes de diálogo y de quehacer político, negándose a generar nuevas alianzas que beneficien a nuestro país y a las y los mexicanos”, denunció.

El dirigente priísta señaló que las revisiones anuales al Tratado de Libre Comercio (TMEC) anunciadas por el gobierno de Estados Unidos, han hecho entrar a este acuerdo en un modo “zombie”, que genera el impuesto más caro que se puede pagar: la incertidumbre.

Refirió que en el ámbito laboral, uno de cada cuatro empleos dependen de la permanencia de este Tratado y, por lo tanto, defenderlo es defender los empleos de la gente.

Este acuerdo, recordó, fue impulsado por el PRI, y con el correr de los años se ha traducido en una balanza comercial, que ha favorecido a nuestro País en la generación de millones de empleos, así como el acceso a productos y servicios que mejoran la competencia y, por ende, los precios finales al consumidor.

Sin embargo, aclaro que el Tratado no fue un regalo, ni un accidente histórico: fue el resultado de décadas de construcción institucional, de negociaciones que entendieron la integración norteamericana como una política de Estado, no como una bandera de un solo gobierno o partido.

Cuando se trata la relación con socios comerciales, como un espacio para la confrontación retórica en lugar de la construcción de acuerdos, el costo no lo paga la clase política, sino los trabajadores, los productores y la pequeña empresa exportadora que depende de reglas estables para planear sus proyectos de mediano y largo plazos.


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