
De nada valieron los ¡12 avisos! de la presidenta de la Mesa Directiva, Jannete Guerrero Maya, del PT, para que concluyera su discurso, pues su tiempo, de cinco minutos, habían concluido, pero la diputada local del PAN, Daniela Álvarez Camacho, como poseída –o bajo los influjos de alguna droga–, la ignoró y con torva mirada, el rostro enrojecido y gritos enfrentó a los legisladores de Morena, quienes le exigían bajar de tribuna del Antiguo Palacio de Donceles, acusándola de “abusiva”.
Sin embargo, la panista con la misma actitud que asumió la sesión ordinaria pasada la coordinadora de Morena, Xóchitl “N”, cuando los legisladores del blanquiazul le gritaban, doña Daniela con displicencia respondió a los morenistas:
“Voy a repetir las palabras de quien coordina el grupo mayoritario de Morena –el martes pasado–. Hasta que no se callen, no me bajo de aquí y lo mismo digo: ‘¡Uy qué miedo! Pero aquí vamos a estar. Entonces o me escuchan y respetan o seguiré aquí cuanto quiera”, sostuvo retadoramente, como invitando a que algún valiente –valienta o lo que sea, con eso ahora de la liberación sexual–, para que la bajara de tribuna. Nadie se atrevió.

Entonces, la presidenta de la Mesa de nuevo la conminó a que ya concluyera, “porque ya se pasó más de dos minutos –de los cinco pactados; es decir, para ese momento ya llevaba siete minutos y no había para cuando terminara.
“Diputada presidenta, le pido sensibilidad al tema y también le pido que mida con la misma vara a todos quienes nos paramos aquí, porque la mayoría de las diputadas y de los diputados de otras fuerzas políticas, se han excedido del tiempo y no les han dicho absolutamente nada. Entonces le pido imparcialidad”, respondió malhumorada la panista.
-Por eso, ha accedido más del tiempo del permitido –dijo con titubeos la presidenta, ante el temor de que la panista se le fuera encima, quien le respondió un tajante: ¡No! Y no bajó de tribuna.

-Le pido por favor concluya –insistió la petista, ante los gritos de los diputados de Morena, que le exigían aplicar el Reglamento y los acuerdos de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), de que los ponentes hablen cinco minutos en las sesiones solemnes y, en este caso, la reunión fue para conmemorar los 58 años de los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968.
-Le pido revise la versión estenográfica y hay quienes… –no terminó, pues la presidenta, con aparente tranquilidad, la interrumpió para comprometerse de que así lo haría, “pero por favor le pido que vaya concluyendo”, insistió Jannete Guerrero.
Empero, la panista, como niña maleducada hablándole a su mamá, reclamó: “Hay quienes se extendieron tres minutos, diputada. Y le pido que tenga sensibilidad al tema, aquí no estamos representando colores, estamos hablando de un tema que le duele a México, aunque le incomode a usted y a sus aliados…”, acusó mientras la presidenta apretaba los labios.

Entonces, el controvertido y malquerido –por la oposición y reporteros, claro–, Ángel Augusto Tamariz Sánchez, de Morena, desde su curul, fiel a su costumbre, grito: “¡Tiempo! ¡Tiempo! Mientras le señalaba su reloj a la tímida presidenta de la Mesa, que no sabía que hacer con la rebelde Danielita.
-¡Deje de gritar! –reclamó Daniela a Tamariz, sin escuchar a la presidenta que por enésima ocasión le pedía concluir.
Entre las curules de Morena se escuchó un grito: “¡Ya cállate, pareces priista!”
A lo que Daniela, sin perder oportunidad respondió:
“Prefiero que me digan priista a narcolegisladora. Pero nosotros sí se lo podemos decir a usted, a quién grito cobardemente. De la cara, ese diputado cobarde que gritó”, sostuvo la panista dispuesta a liarse a golpes con quien se le parara enfrente.

Y volviendo con el pobre de Tamariz, Daniela le reiteró la respetara, a lo que el morenista, lejos del micrófono, replicó: “¡Pues repete la ley, el reglamento y acuerdos de Jucopo!”.
Pero la panista seguía poseída, seguramente, por alguna alma malvada de las muchas que pululan en el Antiguo Palacio de Donceles, segura de tener controlada la situación y que no habría poder humano o fantasmal obligarla a bajar de tribuna.
-Sé que usted llegó por un fraude electoral y por eso no entiende la importancia de estar aquí. Usted no es más que un respiro de este gobierno –dijo con ironía Daniela, sin darle tiempo a Tamariz de defenderse; tenía razón.
-Diputada, le pido respeto a la Mesa Directiva, por favor –suplicó la presidenta de la Mesa, pero siguió siendo ignorada por la legisladora del PAN, la cual, con ironía respondió: “Y usted le pido respeto para la oradora”.
Así, entre “apúrese por concluir, “ya terminó su tiempo”, “le pido respeto al pleno”, Daniela Álvarez llevó el reloj hasta los nueve minutos con 56 segundos; es decir, casi el doble de tiempo del pactado por los integrantes de la Jucopo, lo mismo que contempla la Ley Orgánica y Reglamento Interno del Congreso local.
Lo del propósito de la sesión solemne, por las víctimas del 2 de octubre de 1968, pasó a segundo término. Y seguro este 2 de Octubre, en sus 58 años, será el más recordaron en la historia, al menos en el Antiguo Palacio de Donceles.
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