La senadora de Morena, Guadalupe Chavira de la Roza, pidió que en los proyectos de desarrollo en la Ciudad de México que involucren tierras comunales, debe existir el diálogo, atención y plena sensibilidad comunitaria, ambiental y humana, “pues la voluntad colectiva no puede ser sustituida por acuerdos parciales, ni por decisiones tomadas sin el conocimiento pleno de quienes históricamente han cuidado, defendido y preservado estos espacios”, dijo.

En ese sentido, reconoció la decisión de la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, de cancelar cualquier obra en torno a la cancha de futbol, ubicada en el cerro de San Miguel, conocida por localizarse dentro de un cráter, al manifestar que la mandataria capitalina, “es una mujer que sabe gobernar con honestidad y compromiso por reconocer siempre los derechos ancestrales”, afirmó.

La morenista mencionó que, a través de la Secretaría de Turismo, Brugada Molina anunció que suspendía los trabajos, a partir de reuniones con el Consejo Comunal de Santa Ana Tlacotenco que desautorizó al Comité Deportivo, para hacer acuerdos con los gobiernos capitalino y de la alcaldía, sin consentimiento del mismo Consejo, que es la autoridad reconocida por la Ley de Derechos de los Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas.

Pese a ello, la representante popular federal destacó que el Gobierno capitalino manifestó su decisión de seguir apoyando las iniciativas y proyectos que mejoren el bienestar de la comunidad, siempre y cuando pasen por el diálogo y opiniones de la propia comunidad.

Recordó que en Milpa Alta las decisiones sobre bienes comunales, impactan directamente la vida colectiva de la comunidad, pues representan mucho más que un patrimonio material; son memoria, identidad, organización social y una expresión viva del derecho de los pueblos a decidir sobre su territorio y su futuro.

De allí que toda acción que implique modificaciones, convenios, cesiones de uso o proyectos vinculados a estos espacios, debe construirse necesariamente desde el consentimiento informado de la comunidad y mediante los mecanismos tradicionales y legítimos de toma de decisiones, particularmente la asamblea.

“Soy comunera, hija de esta tierra y parte de una historia colectiva, construida desde los pueblos originarios que han defendido durante generaciones su territorio, sus usos y costumbres, sus montes y su forma de organización comunitaria. Conozco profundamente el significado que tiene para nuestras comunidades el bosque de agua que resguardamos entre todos. Un espacio vital para el equilibrio ambiental de la Ciudad de México, sostenido por el esfuerzo cotidiano de quienes han cuidado estas tierras con dignidad, trabajo y conciencia histórica”, comentó.


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