
La vicepresidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso capitalino, Rebeca Peralta León, busca que los “niños invisibles”, como se les conoce a los hijos nacidos en prisión, bajo el cuidado de sus madres internas, “sean visibilizados y sean registros de forma inmediata a su nacimiento”, afirmó.
Por ello, la diputada local del PVEM presentó una iniciativa, para modificar la Ley de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de México, para que garantizar que las niñas y los niños que nacen y crecen con sus madres dentro de centros de reclusión de la capital, logren salvaguardar todos sus derechos, especialmente el de su identidad.
Además, comentó la también presidenta de la Comisión de Cultura del Congreso capitalino, con su propuesta busca establecer mecanismos que faciliten su inscripción a los programas sociales a los que tengan derecho, atendiendo en todo momento al interés superior de la niña y el niño.
“Estos infantes deben contar con el derecho al acceso a los programas sociales, que han establecidos los gobiernos federal y la Ciudad de México, como los de acceso a las cunas y ahora, con la jefa de Gobierno, el programa de ‘Cero a Tres Años”, pues reitero que estos menores deben dejar de ser invisibles y convertirse en personas plenas en sus derechos fundamentales y sociales”, precisó.
La representante popular por el Distrito 24 de Iztapalapa reveló que en México, cientos de niñas y niños comparten el espacio con sus madres en centros penitenciarios.
“Imaginen por un momento la vida de un bebé, que sus primeros sonidos son los ecos de las rejas. Sus primeros juegos, son los objetos que encuentra en su celda y, su primer hogar es un lugar diseñado para el castigo”, alertó.
Afirmó que estos pequeños, a pesar de su inocencia, son víctimas de un sistema que los margina y los invisibiliza, pues nacen en un entorno adverso, lejos de las oportunidades que cualquier recién nacido y bebé merece. Su desarrollo físico, emocional y cognitivo se ve comprometido por el hacinamiento, la falta de recursos y la carencia de estímulos adecuados atendiendo a su edad física y emocional.
La pevemista sostuvo que las cifras “son alarmantes”, pues datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) dan cuenta que en 2019 había 436 niñas y niños viviendo en cárceles con sus madres, siendo los estados como Nuevo León, Ciudad de México y Veracruz, los que concentraron el mayor número de casos y las cifras van en aumento.
“Estas niñas y niños, desafortunadamente, al salir de prisión enfrentan un estigma social, que dificulta su integración y le cierra las puertas a un futuro digno. Empezando por la falta de identidad, que cualquier persona tiene derecho a tener. Es hora de romper las cadenas de la desigualdad y construir un futuro más justo para todas las niñas y niños que nacen y crecen dentro de una prisión, aseveró.
En su participación desde la tribuna, la pevemista insistió que más allá de las condiciones materiales, existe una problemática aún más profunda, como la falta de reconocimiento legal de su existencia.
“Recordemos que el derecho a la identidad es fundamental, reconocido en diversos instrumentos internacionales. Esta facultad implica tener nombre, nacionalidad y registro oficial de nacimiento; sin embargo, para los niños nacidos en prisión, este derecho básico se ve frecuentemente vulnerado”, denunció.
Resaltó que, al no contar con un acta de nacimiento, estas infancias están en una situación de invisibilidad social, son privados de acceder a servicios básicos, como salud, educación, seguridad social o el acceso a los programas sociales diseñados para este grupo de edad.
Comentó que recientemente visitó el Centro de Readaptación Social de Santa Marta Acatitla, donde visualizó que 38 niños y niñas viven con sus madres presas, de los cuales cinco de los menores no cuentan con registro de nacimiento, 22 se ubican entre los cero y tres años, además de que 11 mujeres están embarazadas, sin vacunas y seguimiento prenatal”, comentó.
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